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Sueños caóticos

Nuevamente me dormí preocupada, como en los últimos 3 meses. Me desperté unas cuatro veces durante la noche por las pesadillas que tenía. En la mayoría de las que he tenido en estos últimos meses, los causantes de que las mismas dejen de ser un sueño agradable son los mismos: Los hombres vestidos de verde. Muchos de ellos disparan, otros golpean con unos palos de metal, algunos detienen personas inocentes y otros simplemente observan y dicen no formar parte de aquello. A veces ni siquiera es necesario que sueñe. Justo en ese intervalo en donde una persona está a punto de dormirse, pero no lo ha hecho totalmente, me he exaltado por alucinar sonidos de detonaciones, de balas disparadas, de cacerolas sonando por culpa de una cuchara que la golpea, o, aún peor, por alucinar gritos y llantos de personas que escapan. Habitualmente termino encendiendo la televisión, evitando no ver ninguna escena parecida que pueda alterarme más. Llega un momento en donde solo quieres ver cosas buenas porque tu cuerpo y tu mente las necesita para tener un poco de paz. Al menos por unos instantes. Sin embargo, hace días que no logro cesar aquellos nervios e incluso he comenzado a dormir menos. Hace poco tuve un sueño impactante, uno que no logré olvidar.

Soñé que una persona salía anunciando nuevas leyes, borrando así la existencia de otras. Decía que no existirían más empresas privadas, que ya las universidades no serían autónomas, que un gran grupo de personas serían quienes dictarían estas nuevas leyes. Un grupo de personas que claramente no tenían ni un dominio claro de su propia vida, ni objetivos claros para la misma. Parecía una clase de broma, en donde cada uno de estos, además de comerse letras de las palabras, se autodenominaba de una manera traumática. Sus propuestas se enfocaban en crear leyes absurdas, ignorantes, excluyentes e injustas. ¿Injustas? Sí. Esta gente no busca justicia ni orden en la sociedad. Pareciera que llamasen día a día al caos, abriéndole aún más las puertas a la anarquía que desde hace un rato reposa tranquilamente en la ciudad. ¿Para qué autodenominarte ‘’Cara e’ cuchillo’’?, me preguntaba. ¿Acaso el crear una nueva constitución no debería ser un tema indudablemente estudiado, analizado y debatido por personas aptas para esto? ¿Cómo es que alguien que es capaz de degradarse a sí mismo autonombrándose de esa manera puede formar parte de un segmento de la historia tan relevante? Deshonran no solamente su persona, sino la educación en general y a todos aquellos profesionales capacitados para esa enorme labor. Ultrajan a un país entero. Estoy convencida de que ninguno de ellos sabía siquiera la importancia que ameritaba desempeñar un cargo como el que ahora anhelaban a ocupar. ¿Quién les habrá dado la magnífica idea? O será que más que ser algo voluntario es algo obligado, me decía a mí misma. No podía creer nada de lo que veía. El entorno era tan descabellado e irracional que parecía un sueño. Incluso me reía en muchas ocasiones al escuchar las declaraciones por parte de los candidatos, ya que parecían formar parte de una serie en donde los más incompetentes gobernaban.

Dentro del sueño me encontraba escribiendo una clase de carta, desahogo o tal vez esto mismo, no sé qué era. El caso es que el tiempo seguía transcurriendo y estos personajes seguían con su obra de teatro mal montada y me sorprendía ver el orgullo de los mismos por participar. El país no solo comenzaba a sumergirse dentro del caos dirigido por analfabetas, sino por ex convictos, pranes, ladrones y prostitutas. Todo era muy extraño. Ni siquiera sabía si estaba soñando o si ya me había despertado. La realidad se había convertido en una especie de distorsión que no me dejaba comprender mi entorno. O tal vez era el miedo, que no me permitía asimilar completamente la situación. Podría decir que todavía no estoy completamente segura. Solo sé que quisiera despertar pronto y volver a la normalidad, pero no a la que acostumbraba a vivir, sino en donde mandan personas honestas guiadas por ideales, principios y convicciones certeras. No por el deseo insensato y enfermizo de poder.



Vanessa Cirkovic

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