‘’¡Asesinos!’’ era lo que se escuchaba sin cesar, junto a las detonaciones que simulaban ser una pista de aquella canción. Sin detenerse, una tras otra. Se veían personas llorando, rezando, algunas huyendo y otras enfrentándose ante aquellas bestias verdes. Todo ese escenario con su respectivo humo, como cualquier obra teatral. Ese humo que le da un efecto especial a la escenografía. Pero algo extraño había. Esta era una obra trágica muy distinta a Hamlet o a cualquier otra reconocida. No había música de fondo, ni micrófonos, ni luces apuntando. En esta ocasión la puesta en escena era muy singular y misteriosa. En vez de haber música, había un silencio abismal, un silencio que solo se podía sentir en el alma. La música era protagonizada por gritos y sollozos, que eran tantos que ni hacían falta micrófonos. La decoración tenía un acabado de colores grises y un rojo sanguinario, además de un tricolor que resaltaba en cada esquina del escenario. La obra se desenvolvía todos los d...