Ir al contenido principal

Relato de una obra trágica


‘’¡Asesinos!’’ era lo que se escuchaba sin cesar, junto a las detonaciones que simulaban ser una pista de aquella canción. Sin detenerse, una tras otra. Se veían personas llorando, rezando, algunas huyendo y otras enfrentándose ante aquellas bestias verdes. Todo ese escenario con su respectivo humo, como cualquier obra teatral. Ese humo que le da un efecto especial a la escenografía. Pero algo extraño había. Esta era una obra trágica muy distinta a Hamlet o a cualquier otra reconocida. No había música de fondo, ni micrófonos, ni luces apuntando. En esta ocasión la puesta en escena era muy singular y misteriosa. En vez de haber música, había un silencio abismal, un silencio que solo se podía sentir en el alma. La música era protagonizada por gritos y sollozos, que eran tantos que ni hacían falta micrófonos. La decoración tenía un acabado de colores grises y un rojo sanguinario, además de un tricolor que resaltaba en cada esquina del escenario.

La obra se desenvolvía todos los días de la misma forma. Siempre con el mismo elenco. Solo que con algo muy peculiar: El escenario, a pesar de ser el mismo, se dividía en dos partes. Por un lado, se veía una masa de personas vestidas con un tricolor que enfurecidas luchaban contra unas bestias repulsivas de atuendo verde. Mientras que por otro se veía un grupo de personas llegando a una hermosa playa soleada. Todo al mismo tiempo. Era muy extraño, pero así era. En el primer lado se sentía la esperanza que impulsaba a todas esas personas llenas de dolor, cansancio y mucho miedo también. En sus ojos se reflejaba un espíritu de lucha inefable, una sed de libertad indescriptible. Del otro lado no se sentía mucho… Intentaba conseguir algún sentimiento profundo, pero nada. Se respiraba un aire de indiferencia. No había mucho que decir.

Aquella masa que se podía observar llegaba al escenario, gritaba y caminaba. Reclamaban por comida, por agua, por seguridad. Con el cielo despejado y sin llanto. Al menos no externo, porque el interno era incesable. Sí había terror, pero todavía la calma hallaba lugar ahí. Esto hasta que sorpresivamente hacían presencia una clase de monstruos, que no solo llegaban por los costados, sino por delante y a veces por atrás. De un segundo a otro el cielo dejaba de verse y comenzaba a contemplarse una enorme nube de humo que ocasionaba un ardor en los ojos y en la garganta. La escasa paz que quedaba se la llevaban los fuertes sonidos de las detonaciones, los impactos de balas, perdigones y objetos peligrosos. Pero, ¿Qué pasó? Me preguntaba reiteradamente. ¡Qué obra tan extraña! ¿Cómo es que un ambiente tan pacífico de la nada es corrompido por tanta maldad? Pero así seguía siendo.

Cuando pensé que no podía ponerse más trágico comencé a notar que aquellas bestias verdosas ya no solo estaban apuntando a los actores que desenvolvían aquella obra, sino a su público. Oí un disparo y al agacharme noté un cuerpo frente a mí con los ojos perdidos, todo pálido y perdido. A los minutos había muerto. Fue ahí cuando salí huyendo de aquella sala infernal pensando que afuera estaría resguardada. Pero no, para mi desagradable sorpresa afuera me estaban esperando una fila interminable de tanquetas y ballenas, un montón de locales con sus vidrios rotos, basura quemándose cada 10 metros y gente que gritaba y lloraba mientras huían. ¿A dónde? No lo sé. No había escapatoria de aquella obra cruel. Comencé a comprender que todos formábamos parte de ella, que aquellos personajes no eran actores con múltiples vidas y órganos de goma. Eran personas, siendo ellas mismas. Sin ningún guion que seguir, ni libreto que ensayar.

Vanessa Cirkovic. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

Un bosque abandonado

Imagina que llevas años viviendo en una cabaña ubicada en medio de un bosque tenebroso donde fallan las tuberías, donde falta la luz, donde hay cuartos cerrados que no puedes volver a abrir, donde hay fantasmas deambulando que se llevan tus cosas, donde falta comida en la nevera, donde hay grietas en las paredes y falta cerámica en el suelo. Imagina que te enfermas y no encuentras medicamentos en tu estante, o que comienzas a ver cuartos vacíos porque tu hermano se fue. Imagina que decides aguantar eso porque a pesar de todo es tu casa, y allí creciste. Allí viven tus seres queridos y es tu hogar, donde te sientes cómodo y en donde eres feliz porque, a pesar de todo, tienes eso y no quieres abandonarlo. Quieres cambiar tu realidad y mejorar esa situación, así que sales al exterior, donde hay lobos, cazadores y diversos animales peligrosos, para buscar ayuda. Para encontrar una solución. Y resulta que ese bosque de afuera está igual de deteriorado y abandonado, está oscuro y silencio...

Sentimiento desconocido

Sentimiento desconocido Son las 12:33 am del 31 de Julio del 2017. En estos momentos tanto yo como más de 7 millones de venezolanos, porque sé que son muchísimos más, estamos experimentando un sentimiento desconocido. Tan desconocido que ni sé si pueda explicarlo. Es como un vacío desconcertante. Como si estuvieras en un cuarto muy oscuro en donde no puedes ver nada, pero tienes que seguir caminando. Siento un silencio en el alma aterrador, una tristeza profunda. Por primera vez no pude ni hacer un chiste respecto a los anuncios de la –ni sé cómo llamarla- ¿corrupta? ¿Inhumana? ¿Cómplice? Tibisay Lucena. ¡Ya no hay espacio para chistes! Llegó el momento de despertar y enfrentarse con una realidad cruel. Después de un día en donde la Guardia Nacional asesinó a 15 personas indefensas, y de 4 meses en donde asesinaron a más de 100, ¿Cómo puedes sentirte? No me siento derrotada, porque no podemos ser derrotados con falsedades. Todo el mundo, incluyéndolos, sabe quién es el ganador de ...

Las únicas víctimas de la abstención somos los ciudadanos

La última vez que me senté  a escribir algo fue el 30 de julio de este mismo año. Ya tendrán una idea de cómo me sentía en ese momento, ya que seguramente muchos de ustedes estaban igual. Sentía una confusión, decepción y desánimo inexplicables. Al igual que muchos, intenté poner de mi parte y hacerme escuchar durante los meses de protesta. Mis días pasaron de ser en un salón de clases para convertirse en días en una autopista llena de personas que gritaban, corrían, lloraban e incluso caían. Fue un tiempo muy duro para todos, tanto en esos días cuando uno participaba, como en los que no, porque era imposible escabullirse de esos pensamientos y sentimientos. En esos días en donde me quedaba en mi casa tampoco era fácil, ya que tenía personas realmente queridas en esas calles llenas de humo y peligro. El desespero y los nervios me consumían, como a muchos, durante esas horas que se ausentaban. Incluso en las noches, mientras dormía solía tener pesadillas que a veces me visitan toda...